Lacras.
Iba a decir que no tengo palabras para describirlos, pero después de recapacitar ahora recomiendo a ir a la biblioteca de la UNAM a consultar cualquier diccionario de vulgarismos, groserías y jergas del lenguaje para que se puedan dar una idea de cuántos adjetivos puede recibir una sola (espera... no, no persona...) masa de carne y huesos.
El día de hoy, en tema de sobremesa, se mencionó a un asco de animal que más por no querer nombrarle que por respeto a sus parientes quedará en status de anónimo.
El perro (disculpen ustedes, pobres perros) tenía la bella, sana y humana práctica de golpear a su esposa.
No hay de entre todos los que dicen ser humanos unos más repugnantes que los que golpean a las mujeres. Es el acto más cobarde de todos. De verdad se me revuelve el estómago y se me desborda la bilis.
Un tipejo con estas prácticas no merece respirar.
Puedo soportar oír hablar de cualquier cosa y tengo estómago para situaciones feas, pero estos casos me sobrepasan.
La mujer como tal es la más noble de todas las criaturas. Es la más frágil no por ser débil sino por ser hermosa. Atreverse a tocar a una mujer con otro motivo que no sea un amor desbordante equivale a rebajarse al nivel de dignidad que tienen las heces fecales.
Un ser humano sabe que una mujer puede estar equivocada e incluso tener las peores intenciones del mundo. De hecho, el simple sentido común te dice que si Soraya Jiménez te amenaza con un hacha aunque sea mujer es candidata en potencia a recibir una patada en las espinillas; pero hacerse "el macho" o "castigar" a una mujer es un acto exclusivo de un asno descerebrado, porque nosotros los humanos arreglamos las cosas hablando.
Es una pena que el maltrato a la mujer sea tipificado como delito federal. Propongo pena de muerte con cortauñas.
This entry was posted on jueves 12 de junio de 2008 at 11:21 PM. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.
# by Chanito - 12:20 PM
Simplemente no tengo palabras.
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